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Una explosión de polvo blanco (un deseo)



"Deseo" es el nombre de la canción que sigue... la escribió Pedro Guerra y la cantó Juan Carlos Baglietto. Alude a un polvo blanco, qué no sé qué es, pero de seguro apunta a algo mágico... mágico como el deseo. Poderoso y mágico.



Deseo...


Te seguiré hasta el final
te buscaré en todas partes
bajo la luz y la sombra
en los dibujos del aire.

Te seguiré hasta el final
te pediré de rodillas
que te desnudes amor
te mostraré mis heridas.

Y con las luces del alba
antes que tú te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre.

Te seguiré hasta el final
entre los musgos del bosque
te pediré tantas veces
que hagamos nuestra la noche.

Te seguiré hasta el final
con el tesón del acero
te buscaré por la lluvia
para mojarme en tu beso.

Y con las luces del alba
antes que tú te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre.

y cuando todo se acabe
y se hagan plovo las hadas
no habré sabido por qué
me he vuelto loco por nada.

Te seguiré hasta el final
por la escalera del viento
para rogarte por Dios
que me hagas sitio en tus besos.

Y con las luces del alba
antes que tú te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre.

Y cuando todo se acabe
y se hagan polvo las hadas
no habré sabido por qué
me he vuelto loco por nada.

Y con las luces del alba
antes que tú te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre.

Y cuando todo se acabe
y se hagan polvo las hadas
no habré sabido por qué
me he vuelto loco por nada.


De Pedro Guerra

Tatuaje



Hoy no quiero vivir. Hoy desearía no existir.






Es un tatuaje de amor



¿?

¿puede una persona ser partícpe de la vida de otra? ¿puede alguien a quién amé (y tal vez todavía amo) derribar mi realidad acutal y hacer que yo esté dispuesto a dejar todo por él? ¿hay amor en esa realidad? ¿es eso amor? ¿dónde encuentro canciones para dedicar? ¿dónde sé que ese hombre es amor al final? ¿puede un hombre que entra por la puerta de mi casa derribar mi realidad? ¿es en verdad mi cabeza quién proyecta cosas en él? ¿acaso eso podría no ser amor? ¿acaso eso impide que haya amor? ¿porqué un hombre al cuál apenas veo lo quiero más que a ningún otro? ¿porqué un hombre que ni siquiera quiere ser parte de eso lo es? ¿porqué un hombre se balancea sobre mí y mueve mis cuerdas como marioneta? ¿porqué no lo sabe? ¿debería? ¿tendría? ¿lo haría si supiera? ¿acaso en un buen hombre? ¿acaso no es él lo único que su impronta diaria registra? ¿adiós?

Blanco

BLANCO

Todos los días se pinta de blanco,
sale a la calle llena de colores
y a cada minuto recibe un brochazo
en la piel.

Su espalda, sus manos, su rostro,
van siendo invadidos por luces y sombras,
se le van encendiendo de fiebre y de frío
de forma que cuando regresa y se mira
no está.

Malvive bajo su avalancha.
Malvive bajo su avalancha.

Ahora está sin salir,
casi nadie merece su amor
pero saldrá cuando vayas
por él.

Ahora te espera en su tumba
ambulante, llena de color,
hasta de que tú la deshagas
de amor.

Ahora te espera de noche en su cuarto
hasta que quieras entrar y salvarlo
de lo que nunca ha elegido
y arrastra con él.

Tú, que de un beso lo configuraste,
tú, que le echaste más blanco y lloraste,
eres la vieja navaja que espera
su piel.

Quiere blasfemar contigo de Dios,
de los hombres y de él.
Quiere llegar más allá
de la luz.

Quiere destruir las flores
con que se engañaron los dos.
Quiere arrancar de su tierra
una cruz.

Quiere olvidar que ha crecido educado,
quiere a tu hijo para empinarlo,
como un papalote invencible
vencedor del sueño.

Quiere decirle a cada vecino
que salga de sus miserables paredes,
que tome la vida de ustedes,
que no hay escondrijos.

Y espera que vayas por él.
Y espera que vayas por él.

Él no te espera mujer
a que vayas a hacer el amor,
más bien, la guerra es lo que quiere
hacer.

Con veintipico de fechas
respalda su sana elección.
Con veintipico de muertes
su amor.




(Silvio Rodríguez)

Cruel

Hoy, estoy pensando en la crueldad... ¿qué es? ¿ a dónde va?


¿pensaste en la crueldad alguna vez?

Porque la crueldad no es una maldad, no es que alguien hace algo para lastimar y ya. Tampoco es una ironía, que una cosa casi parece contradecir a la otra en un infortunio. Si bien, ambas pueden ser crueles.

La crueldad cala en algo profundo, algo que todavía no sé bien qué es, pero casi me acerco a decir que es la dignidad (o tal vez el deseo).


"quien escribe diccionarios, no está aquí para explicar" decía un tema de Serú.
Mas no vale, el dicioario dice "Crueldad: inhumanidad, ferocidad (Sinón. Barbarie) (Antón. Dulzura, Clemencia)"


¿lo pensás? ¿me lo contás?

Darks

Publicado en Página 12 (contratapa) el 11-10-04

Darks

Por Sandra Russo

Para un periodista, hay crónicas que son muy difíciles de hacer. Uno tiende a pensar en noticias dolorosas, impactantes, sangrientas. En masacres, en catástrofes, en accidentes. No, ésas no son las más difíciles. Si un editor quiere poner a prueba a un cronista, puede mandarlo a cubrir el Día de la Primavera en los bosques de Palermo. Así sí te quiero ver. ¿Cómo escribir algo que valga la pena, cómo ver algo más que el lugar común en ese rito que permanece imperturbable a lo largo de los años mientras sólo sus protagonistas van cambiando? ¿Cómo apuntar algo más que “con alegría, los estudiantes desafiaron a la lluvia” –porque, es fija, cada año, ese día siempre llueve–? Es difícil hacer esa crónica porque el cronista no puede ver nada más allá de las guitarreadas parecidas a las de Luján, los porros atrás de un árbol, las parejitas besándose, el pasto lleno de basura, en fin, ese folklore encarnado por cada nueva generación, pero fijado de antemano dentro del corralito de un día y un espacio: el Día del Estudiante, que coincide con el Día de la Primavera, lleva inscripto su paisaje, su borde y su desborde, su tibia y anticipada decadencia, su presunta explosión de alegría, la homologación del estudiante al capullo, el alineamiento del adolescente al brote que se sale de la vaina por mostrarse en flor.

Falsamente báquico, escenográficamente desordenado, ese día está reservado para que los estudiantes hagan mugre en Palermo y se expresen como gusten. El conjunto “los adolescentes” debería encajar con el conjunto “los estudiantes”, pero no es así en un país como éste, de modo que lo primero que deberían festejar los que entran en el conjunto “los estudiantes” es no ser “los lúmpenes”. Pero aun así, aún dejando de lado las consideraciones explícitamente políticas, la asociación entre jóvenes y primavera no es ni casual ni caprichosa. Hay una voluntad colectiva y colectivamente tranquilizadora en asimilar la juventud a un tiempo cálido, no tórrido, prometedor, ligeramente sensual, no sexual, a un tiempo encapsulado en una promesa incumplida: la primavera en tanto eterna primavera, la primavera freezada, sin su pasaje al verano y a sus voluptuosidades, contiene una reserva de significados que la sociedad querría hacer coincidir con la juventud: la medida de una inocencia y la medida de una temperatura. De todo un poco. Mucho, de nada.

No deja de ser curiosa e intencionada la asociación entre juventud y primavera. La juventud, y especialmente la adolescencia, suelen tener zonas de riesgo y de oscuridad notables. Es la época de la vida en la que se descree. Todo se pone en duda. La llaga está en carne viva. Hay preguntas. Hay miradas de rayos ultravioletas que detectan mentiras, poses, injusticias y miserias. Hay demanda y no hay oferta. Una energía brutal no encuentra su continente. Hay tristeza y todavía no hay autoconfianza. No hay interlocutores ni maestros. La adolescencia es una ruta sin señalizar. Todos los caminos y todas las direcciones parecen estar disponibles, pero el adolescente percibe, y con razón, que ésa es una farsa más. La mayoría de los destinos ya están marcados.

La adolescencia no es primaveral. Es oscura. Hay pantanos. Los que expresan esta sensación laberíntica suelen ser llamados “darks”, pero ellos son solamente el emergente de una percepción más amplia e incluso más lúcida que aquella que insiste en el capullo candoroso cuyo futuro está trazado y cuyo corolario será la flor. Queremos pensar eso y les regalamos los bosques de Palermo, un día por año, para que hagan travesuras y se dejen sacar fotos que después no mira nadie.

La adolescencia es una zona de tránsito espesa, que cuestiona por su propia y poderosa naturaleza, física y mental, todos los órdenes establecidos. La adolescencia es dark, nos guste o no nos guste, se vista el joven o no de negro, como es dark toda versión del alma humana cuando por un instante se suelta de lo que debe ser y se pregunta por lo que debería ser. Los adolescentes son pequeños y accidentados filósofos, improvisados y tercos poetas que hacen preguntas que otros se han hecho antes y para las que tampoco encontraron respuesta. Queremos tranquilizarnos describiéndolos como capullos tiernos, cuando no toleramos la embestida de su brutal intensidad.

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